arte contemporáneo
CUESTIÓN DE GUSTOS
Este artículo ha sido publicado en: http://eduarddecabrera.com
Tal vez debiera disculparme por hablar así. Quizás tan solo por hablar.
Sea como fuere, despacho a gusto en ese mundo virtual en donde nadie tiene la obligación de escuchar y dado el caso, ninguna de responder.
Conversar con ciertas formas de arte actual es una reflexión excesivamente vasta para asumirla sin una dosis importante de paciencia, otra de tolerancia. y la más firme convicción de que la postmodernidad ha existido siempre como forma de evolución.
Una evolución incipiente que con el tiempo toma forma para concretarse en algo más sólido, con suerte definitivo.
No hay ninguna razón para resistirse.
O no debería haberla pero la subjetividad sigue dividiendo y mientras unos acometen contra ciertas disciplinas extravagantes, otros sonríen displicentes ante el arcaico discurso de los primeros. Nada nuevo.
Enumeramos, catalogamos y le damos un valor a todo referenciándolo cada uno a una escala de valores distinta. Nos agrupamos en conjuntos con opiniones similares e intereses compartidos, y al final quien marcará los ritmos de cada movimiento artístico o ideológico no serán los individuos si no la mayoría, y su reacción ante las circunstancias revelará la trayectoria e impondrá el gusto.
Discernir lo bueno de lo malo es un acto arriesgado al que solo puede atreverse quien tenga la mas absoluta convicción de que la exclusividad de sus razones las hace indiscutibles ( difícil de aceptar ). Nada termina siendo definitivo y lo que hoy es dogma se convertirá mañana en anécdota. Las actitudes radicales no aportan nada, solo merecen ser consideradas como un ancla que paraliza el desarrollo, un obstáculo al acuerdo y un límite a la comprensión.
La desaparición de las Academias ha favorecido la libertad más absoluta en la creación;
han florecido un sinfín de estilos, teorías y discursos que contribuyen a enriquecer el panorama artístico actual. Desde las Vanguardias, los movimientos artísticos se han ido sucediendo uno tras otro a una velocidad de vértigo y por primera vez en la historia del arte, esos movimientos coexisten democratizando las inclinaciones de creadores, consumidores e interesados. No hay razón pues para la confrontación, ya existe un arte para cada gusto.
El precio de esa libertad no pasa desapercibido y a él hago referencia en mi artículo anterior cuando aludo ciertas actitudes “singulares” capaces de ahuyentar al público exigente. Pero no es menos cierto también que con ellas conviven aún viejos criterios denostados que se resisten a desaparecer.
Pero no lo dude los dos extremos siguen teniendo sus admiradores.
Atentamente.
Eduard de Cabrera
Este artículo ha sido publicado en: http://eduarddecabrera.com